Leyendas

Los caños del castillo

La tradición oral más difundida en Cadrete relacionada con el castillo es sin duda la de los “caños”. Los caños eran unos subterráneos que bajaban desde la fortaleza hasta la huerta superando un desnivel de más de 80 m y una distancia de más de 200 m. Su construcción se atribuye a los tiempos en que los moros vivían en el castillo. No es esta una tradición exclusiva de Cadrete, puesto que en  la mayoría de los pueblos que conservan un castillo las gentes aseguran que había pasadizos subterráneos que comunicaban con el río, con alguna casa o con otro castillo cercano. Sin embargo, en Cadrete las versiones de estos subterráneos son bastante elaboradas y son muchos los que dicen haber encontrado alguna de sus entradas o alguno de sus tramos.

La primera versión que recogí en mi primer trabajo de campo fue la que describía tres caños. Los tres subterráneos comenzarían en el castillo y sus salidas estarían: en algún punto cercano al río Huerva al norte del núcleo urbano; en la Casa del Cura –palacio renacentista que se encontraba en la plaza de Aragón y fue parcialmente derribado en los años 70— y en algún punto cercano a la Acequia de “El callicico” –tramo de la Acequia del Lugar situado al sur del núcleo urbano. Estas salidas estarían construidas para, en caso de asedio, abastecer de agua de la acequia al castillo o servir de escapatoria. Curiosamente, de las tres salidas descritas he conseguido nuevos datos de distintas personas que creían únicas las salidas que ellos conocían. De la salida que se encontraría al norte del núcleo urbano existen testimonios que la sitúan en el sótano de un torreón de planta semicircular flanqueado por cuatro torrecillas cilíndricas dotadas de aspilleras. Esta preciosa construcción romántica, ubicada en la finca tapiada que algunos llaman “El fuerte”, difícilmente pudo ser una obra defensiva por su orientación y sus reducidas dimensiones. En los años 60 era una especie de palomar pero no he conseguido saber cuándo se construyó. Su interior está completamente lleno de escombros que dicen fueron echados allí para tapar la salida del subterráneo. No obstante, también aseguran algunos que ese caño tan solo comunicaba con la iglesia. De la segunda salida, que se situaría en la Casa del Cura o palacio de los Artales, me dijeron que estaba en los sótanos de este gran edificio señorial, prácticamente a ras del suelo. Su comunicación con otro lugar estaba asegurada por la corriente de aire que se formaba y que apagaba todas las velas. Estaba excavado directamente en la tierra y su techo era abovedado. Por desgracia, este edificio de gran valor histórico-artístico para el pueblo sucumbió a la especulación urbana y fue derribado en lo esencial a mediados de los años 70, imposibilitando así la corroboración de que este caño llegaba hasta el castillo. También durante la remodelación de una bodega situada en frente del malogrado palacio se cuenta que apareció un tramo del subterráneo que tenía bóveda de ladrillo. Los magníficos ladrillos extraídos dicen que fueron reaprovechados para enlosar el suelo de una de las habitaciones. El último caño tendría su salida en “El Callicico” y éste es el lugar en el que todas las versiones coinciden terminaría el caño principal del castillo. La zona actualmente está siendo remodelada por el crecimiento del casco urbano y aunque un cartel recuerda su denominación la búsqueda de una salida ha sido infructuosa hasta la fecha.

La segunda variante de la tradición de los caños es quizá la más increíble y por tanto las más fantástica. Según algunos cadretinos, el auténtico subterráneo del castillo atravesaría los montes en dirección sur hasta llegar al despoblado y castillo de María de Huerva. Su función sería la de comunicar los dos castillos y facilitar el movimiento seguro de las guarniciones. La distancia entre ambas fortalezas es de más de 3 km en línea recta, pero ésta se multiplicaría por dos al tener que bordear numerosos barrancos que cruzan de este a oeste la sierra. Sin duda esta leyenda vendría motivada por la multitud de subterráneos que se construyeron en el castillo de María de Huerva y que también hoy alimentan la tradición oral de esta población cercana a Cadrete.

Más verosímil me pareció la tercera versión que contaba que tan solo existió un caño que comenzaba en el sótano de la torre del castillo y llegaba hasta la Acequia de “El Callicico”. La función de este caño sería la de abastecer de agua y pesca al castillo, en caso de que éste estuviera asediado. Según los más ancianos, cuando eran niños la entrada al subterráneo de la torre estaba despejada y podían descender unos cuantos peldaños tallados en la roca de yeso. También recuerdan que las paredes de este caño estaban embaldosadas con azulejos de color blanco y azul formando cenefas. La existencia de esta decoración la he podido constatar por la presencia de fragmentos de azulejos con motivos vegetales entre los escombros que cubren el sótano de la torre.

La leyenda del rey Abderramán

El tío Santos fue quién mejor conoció la leyenda del moro Abderramán y debió ser quien la transmitió a Alfonso Zapater que la mencionó en su obra enciclopédica de Aragón pueblo a pueblo. Sin embargo, aunque los más ancianos de Cadrete recordaban que el tío Santos contaba como nadie las historias de los moros, ninguno recordaba con exactitud estas historias y sólo su nieta, Araceli Gracia, pudo darme alguna pincelada de lo que decía aquella leyenda. Básicamente, la narración afirmaba que en tiempos de dominio musulmán un rey moro llamado Abderramán había estado viviendo en el castillo de Cadrete durante algún tiempo. Desde allí parece ser que con sus tropas atacaba Zaragoza y el castillo de María de Huerva. También se dice que fue Abderramán quien construyó el castillo de Cadrete.

Esta leyenda, tal y como nos ha llegado, carece de elementos fantásticos y milagrosos por lo que no tiene los recursos que le permitirían haber sobrevivido generación tras generación. Sin misterio ni moraleja lo normal sería que esta narración no hubiera superado el siglo de vida. Por esto, no deja de extrañar que existan dos crónicas musulmanas del S. XI que recojan la presencia del califa abd al-Rahman en un castillo que podría ser el de Cadrete. ¿Se trataría entonces de una tradición oral o de una adaptación reciente de la historia escrita? Actualmente es imposible averiguar cuando surgió esta leyenda y por tanto nunca sabremos si realmente hubo una transmisión oral durante siglos.